Sostenibilidad empresarial: ¿un costo adicional o una nueva forma de proteger el negocio?

Por: Isaac Vera Santander – Gerente de Proyectos Internacionales

Durante mucho tiempo se entendió la sostenibilidad empresarial casi exclusivamente desde una perspectiva ambiental: reciclar, ahorrar agua, disminuir el consumo de energía o realizar alguna actividad de responsabilidad social. Todas son acciones positivas, pero la sostenibilidad empresarial actual va bastante más allá.

La pregunta que deberíamos hacernos es otra: ¿qué necesita una empresa para seguir siendo competitiva, rentable y resiliente en un entorno que cambia constantemente?

Vista de esta manera, la sostenibilidad deja de ser un tema periférico y comienza a entrar directamente en la estrategia del negocio.

Una empresa sostenible también es una empresa resiliente

Pensemos en una organización que depende completamente del suministro eléctrico para operar. Si la electricidad falla y la empresa no tiene capacidad de respuesta, tenemos un problema operativo. Pero si esas interrupciones son frecuentes, ya estamos frente a un riesgo estratégico.

Lo mismo ocurre con el agua, los combustibles, las materias primas, el talento humano, los proveedores o incluso con la reputación.

En Venezuela sabemos bastante de esto. Muchas empresas han tenido que instalar sistemas de autogeneración eléctrica, aumentar su capacidad de almacenamiento de agua, buscar proveedores alternativos, optimizar procesos o desarrollar mecanismos particulares para asegurar la continuidad de sus operaciones.

Curiosamente, algunas de estas decisiones son también decisiones de sostenibilidad, aunque nunca hayan sido identificadas de esa manera.

Una empresa que reduce su consumo energético disminuye su impacto ambiental, pero también sus costos y su exposición ante fallas del sistema. Una empresa que reutiliza materiales reduce residuos, pero al mismo tiempo disminuye la necesidad de comprar materia prima. Una empresa que mantiene adecuadamente sus equipos prolonga su vida útil, reduce paradas de producción y evita inversiones prematuras.

Entonces, ¿estamos hablando de ambiente o de rentabilidad?

En realidad, de ambas cosas.

Lo ambiental, lo social y el gobierno de la empresa están conectados

Aquí aparece una visión más amplia de la sostenibilidad empresarial y de los denominados criterios ESG: Environmental, Social and Governance, o Ambiental, Social y Gobernanza.

Lo ambiental incluye temas como energía, agua, emisiones, residuos, biodiversidad y eficiencia en el uso de los recursos.

Lo social incorpora aspectos que muchas veces son determinantes para el desempeño de una organización: seguridad y salud laboral, capacitación, retención del talento, diversidad, derechos humanos y relación con las comunidades.

La gobernanza, por su parte, se pregunta cómo se toman las decisiones: cuáles son los riesgos que conoce la directiva, cómo se gestionan, qué mecanismos existen para garantizar la ética, la transparencia, el cumplimiento y la continuidad del negocio.

Lo interesante es que estos tres componentes no funcionan de forma aislada.

Una falla ambiental puede convertirse rápidamente en un problema financiero y reputacional. Una elevada rotación de personal puede incrementar los costos, disminuir la productividad y hacer perder conocimiento. Una mala decisión de gobernanza puede terminar afectando simultáneamente a trabajadores, clientes, accionistas y comunidades.

Por eso la sostenibilidad moderna tiene mucho más que ver con gestionar riesgos y oportunidades que con desarrollar iniciativas ambientales aisladas.

El primer paso no necesariamente es hacer más

Existe otra idea que me parece importante.

Cuando una empresa comienza a interesarse por estos temas, suele preguntarse: “¿qué nuevas acciones tenemos que implementar?”.

Pero quizá esa no debería ser la primera pregunta.

Muchas organizaciones ya realizan numerosas buenas prácticas. El problema es que están dispersas entre operaciones, recursos humanos, mantenimiento, calidad, ambiente, compras o administración. Se ejecutan, pero no necesariamente se identifican, miden ni relacionan entre sí.

Antes de hacer más, conviene saber qué estamos haciendo, qué resultados produce, dónde están nuestras principales brechas y cuáles asuntos realmente pueden afectar el negocio.

No todas las empresas tienen los mismos riesgos ni necesitan las mismas soluciones. Una industria manufacturera, un banco, una empresa de servicios y una organización turística tienen impactos, prioridades y oportunidades completamente diferentes.

Por ello, hablar de sostenibilidad no debería significar copiar una lista internacional de buenas prácticas. Debe significar comprender la realidad particular de cada organización y convertir esa información en mejores decisiones.

Una nueva manera de entender la competitividad

La sostenibilidad no sustituye el propósito económico de una empresa. Una empresa necesita ser rentable para permanecer en el tiempo.

Precisamente por eso importa.

Reducir desperdicios, utilizar mejor los recursos, proteger al talento, anticipar riesgos, fortalecer proveedores, cuidar la reputación y tomar decisiones con mayor información no son objetivos contrarios a la rentabilidad. Son componentes de una empresa mejor gestionada.

Quizá el verdadero cambio de paradigma consiste en dejar de preguntarnos cuánto cuesta ser sostenibles y comenzar a preguntarnos cuánto puede costarnos no serlo.